
La Albufera se reivindica a menudo como símbolo ambiental, turístico y cultural, pero demasiadas veces se olvida que también es un espacio de trabajo. Sin pescadores activos, organizados y con capacidad de mantenerse en la actividad, el humedal pierde una parte esencial de su equilibrio histórico.
Las ayudas públicas son importantes porque reconocen que conservar un ecosistema no consiste únicamente en proteger aves o láminas de agua. También implica sostener oficios que han ordenado ese territorio durante generaciones.
Convertir la pesca tradicional en una postal bonita pero económicamente inviable sería una derrota silenciosa. La mejor protección del paisaje es que siga teniendo gente que lo trabaja.
Artículo de opinión elaborado a partir de la información publicada originalmente en Valencia activa una línea de ayudas para los pescadores de l'Albufera.