
El biogás puede ser una oportunidad para el campo, pero no cualquier proyecto sirve en cualquier sitio y bajo cualquier planteamiento. Cuando se dispara la sensación de concentración excesiva o de diseño ajeno a la realidad local, la contestación social es previsible.
La transición energética no debería repetir errores clásicos: prometer sostenibilidad mientras se minimizan impactos logísticos, paisajísticos o agrarios. La clave está en la escala, en la transparencia y en el reparto equilibrado de beneficios y cargas.
Si el biogás quiere consolidarse como solución rural, tendrá que demostrar que ordena residuos y genera valor sin imponer un modelo extractivo disfrazado de verde.
Artículo de opinión elaborado a partir de la información publicada originalmente en Ecologistas pide paralizar las plantas de biogás en Castilla y León y fija 40 km entre proyectos.