
La última subida de los cereales ofrece un respiro puntual, pero conviene no confundir un rebote de mercado con una solución de fondo. Cuando la rentabilidad de una explotación depende demasiado de una lonja semanal o de un sobresalto geopolítico, el agricultor sigue trabajando sobre terreno inestable.
El problema no es solo cuánto vale hoy el trigo o la cebada, sino la fragilidad del modelo productivo. Costes energéticos, fertilización, financiación y sequía convierten cualquier mejora de precio en una alegría prudente, nunca en una garantía. El margen mejora, sí, pero no desaparece la sensación de estar siempre a expensas de factores ajenos.
Si de verdad queremos un cereal competitivo, hace falta más que celebrar cotizaciones. Hace falta gestión de riesgos, herramientas de almacenamiento, planificación comercial y una política agraria menos complaciente con la volatilidad estructural del mercado.
Artículo de opinión elaborado a partir de la información publicada originalmente en ASAJA celebra la subida de los cereales, pero alerta de la volatilidad del mercado.