
La tuberculosis bovina se ha convertido en uno de esos asuntos donde todos aceptan la complejidad, pero pocos quieren asumir el coste político de afrontarla entera. Si la fauna salvaje actúa como reservorio, no sirve fingir que el problema termina en la explotación.
El ganadero necesita controles rigurosos, pero también coherencia. No es razonable exigir sacrificios continuos al productor mientras se evita un debate serio sobre gestión cinegética, vigilancia sanitaria y corresponsabilidad institucional.
La sanidad animal exige una mirada integral. Todo lo demás son soluciones parciales que desgastan al sector sin cerrar el problema.
Artículo de opinión elaborado a partir de la información publicada originalmente en Castilla y León intensificará el control de la fauna salvaje frente a la tuberculosis bovina.