
La araña roja ya no puede seguir tratándose como una incidencia puntual de campaña. En muchos cultivos mediterráneos es una amenaza recurrente que se alimenta de calor, estrés hídrico y falta de respuesta coordinada. Eso exige salir de la lógica del parche.
El productor necesita herramientas eficaces, rapidez administrativa y una estrategia común que no llegue cuando el daño está generalizado. Cada retraso regulatorio o cada vacío en la planificación se traduce en más costes, menor producción y más sensación de desamparo en el campo.
La política fitosanitaria no puede ir siempre por detrás de la realidad biológica. Si las plagas se mueven con velocidad climática, la respuesta pública también debe acelerar.
Artículo de opinión elaborado a partir de la información publicada originalmente en LA UNIÓ reclama al Gobierno un plan estatal contra la araña roja ante el fuerte impacto de la plaga en la citricultura.